TALENTO Y RESULTADOS

Cuando un ejecutivo de una compañía acepta un puesto de alta responsabilidad, tiene que acostumbrarse lo antes posible a la presión, a la alta presión, y tiene que saber gestionarla adecuadamente. Y si quiere sobrevivir tiene que adaptarse a ella, a la presión alta y permanente. El talento debe llevar a resultados empresariales.

Es muy sencillo de entender, los CEOs de las compañías cotizadas tienen que hacer públicos los resultados trimestrales y anuales a los analistas financieros e inversores. ¡Y siempre necesitan mejorar los del periodo anterior! Ahí está la raíz de la presión.

Detrás de los resultados, de esos fríos números, está siempre la gente, los equipos, el talento, las personas, los buenos profesionales.

Lógicamente están sometidos a la presión implacable del mercado y los accionistas siempre quieren más y no dejan de ser insaciables. Sí, insaciables. En todo tipo de negocios, en cualquier parte del planeta Tierra y en cualquier época. Y no creo que esto vaya a cambiar en mucho tiempo.

Cuando el ejecutivo tiene una abultada cuenta de resultados a sus espaldas, siempre se encuentra en estado de guardia y vigilante. Muchas alegrías le vienen por ahí, por la cuenta de resultados. Y también muchas preocupaciones y sinsabores. Es curioso que la cuenta de resultados tenga tanta sensibilidad y tanto impacto en el estado de ánimo del ejecutivo. Pero es así, los números son, nos guste o no, lo más sensible y delicado que hay en las empresas. ¡Y eso que tienen fama de ser fríos!

Ahora bien, no nos engañemos que los números, los buenos números, es decir, los resultados, no vienen solos al balance de las empresas, ni son el maná que cae del cielo milagrosamente. Detrás de los resultados, de esos fríos números, está siempre la gente, los equipos, el talento, las personas, los buenos profesionales.

En mi opinión, los resultados financieros de cualquier empresa son directamente proporcionales a la calidad de su talento y la forma gestionarlo. Y de esto último, no todas las empresas y organizaciones se ocupan y preocupan por igual. Lógicamente, hay enormes diferencias y esas diferencias las marcan los líderes.

Los números, los resultados de las empresas, los generan siempre las personas, los líderes, los ejecutivos y la gente de a pie. Todos.

Por lo tanto, si como es natural, los líderes tienen que centrarse en dar buenos resultados, tienen que focalizarse también en quienes los generan: el talento, las personas. Números y talento. Talento y números.

Los líderes sobresalientes saben muy bien que esas son las dos vigas maestras de la empresa, de cualquier empresa, se dedique a lo que se dedique. Y a cuidar esos dos pilares tienen que dedicar la mayor parte de su tiempo y energía si quieren sobrevivir y triunfar.

En definitiva, en el mundo de la empresa, el líder sobresaliente es aquel que sin perder de vista su misión genuina de gestionar un negocio es capaz de tener éxito y generar valor y progreso porque cuenta siempre con el talento, y siempre lo respeta y lo reconoce. Los resultados y las personas, con sus emociones incluidas, son sus prioridades más importantes, y alrededor de ese núcleo central gira todo lo demás.