El reconocimiento emocional es rentable

El reconocimiento emocional es una conducta de liderazgo que tiene un impacto masivo en la moral y en los resultados de cualquier empresa. Los líderes que utilizan esta poderosa herramienta saben muy bien que va directamente al cerebro y al corazón de la gente, no a su cuenta corriente. Pero es muy rentable, sí muy rentable.

Si nos ponemos muy cartesianos, podríamos afirmar que en una empresa, al final, casi todo se traduce a números, a cifras. Cifras de ventas, beneficios, inversiones, etc.  Unas veces cifras en negro porque suman, y otras en rojo porque restan. Tanto el reconocimiento emocional, como la falta del mismo en una empresa también se termina traduciendo a cifras, a números, antes o después. Así es, o al menos así lo creo yo, aunque como es lógico, no sea nada fácil su cálculo exacto.

Los líderes adictos al reconocimiento emocional lo hacen por un sentido de justicia y agradecimiento hacia las personas a las que elogian por haber llevado a cabo un trabajo bien hecho o por un logro especial. Pero también lo hacen porque saben que hacerlo es rentable para la compañía, es una inversión segura y de un retorno garantizado.

Sea cual sea su profesión y nivel jerárquico, todo el mundo desea o espera un reconocimiento cuando hace un buen trabajo. Quien le ha echado horas a una tarea y consigue unos buenos resultados, producto de ese esfuerzo, es lógico y natural que espere de sus jefes unas palabras de aliento y felicitación.  Cuando eso ocurre, la conducta se refuerza y ese profesional seguirá estando predispuesto a esforzarse y dar lo mejor de sí mismo en su puesto de trabajo en próximas ocasiones. Es un círculo virtuoso en constante movimiento que genera montañas de motivación.

Cualquier profesional que haga un trabajo excelente y pase desapercibido o no reconocido por sus superiores termina desmotivándose y bajando los brazos.

Cuando eso ocurre, la persona se identifica y vincula más a su puesto de trabajo y deviene un profesional invariablemente más productivo, lo cual se traduce en mejores resultados para la empresa y, en consecuencia, para sus gestores y líderes. Aunque no podamos medir y cuantificar con precisión su impacto concreto.

Cualquier profesional que haga un trabajo excelente y pase desapercibido o no reconocido por sus superiores termina desmotivándose y bajando los brazos. Y esa actitud tampoco se puede cuantificar con exactitud, pero termina llegando a la cuenta de resultados, y no precisamente sumando. Por lo tanto, la poca generosidad de los líderes en el reconocimiento emocional y sincero termina generando una especie de lucro cesante en las organizaciones.

Lo miremos por activa o por pasiva, en horizontal o en vertical, estoy convencido de que una cultura que alienta y practica el reconocimiento de la gente siempre es rentable y siempre paga dividendos. Y no nos importa no poder cuantificar su impacto exacto en los números, pero pensemos, al menos yo pienso, que cada acto de reconocimiento emocional sincero de los líderes se sedimenta, siempre sumando, en la cuenta de resultados. Es una especie de riego que gota a gota hace más fértil la cosecha de cada año.

Abraham Lincoln solía decir a su gente que no se preocuparan cuando no les reconocían una buena obra, y que siguieran luchando siempre para ser merecedores de reconocimiento.  Quería decirles que ni siquiera la falta de reconocimiento les desalentara para seguir buscándolo siempre y hacer un buen trabajo.

Si asumimos que el reconocimiento es un elemento productivo y beneficioso para los resultados de una empresa, los líderes deberían propiciar que se extendiera de manera homogénea por todos los rincones de la organización. Que su práctica no dependa del carácter o estilo de liderazgo de cada jefe, y que sea una herramienta de motivación utilizada con buen juicio por todos. Desde el consejero delegado al último supervisor de la compañía con gente bajo su responsabilidad.

Al final, cada líder lo hará a su manera, con su propia impronta, pero lo importante es que no quede nunca un trabajo excepcional totalmente ignorado y sin unas simples palabras de reconocimiento.

Además, el reconocimiento es un recurso ilimitado, de coste casi inexistente y al alcance de cualquier líder. De cualquier líder claro, que quiera utilizarlo y conozca el impacto monumental que tiene en la moral de la gente y en su compromiso.