TRABAJO, RESULTADOS Y RECOMPENSA: UNA FÓRMULA QUE FUNCIONA

La competitividad viene marcada por un alto rendimiento en el trabajo. Un mayor esfuerzo por parte de los empleados para conseguir una mejora en los resultados de la empresa debería implicar también un mayor esfuerzo para recompensar el trabajo bien hecho.

Las nuevas tecnologías están metiendo mucha presión al mundo empresarial y están acelerando la competitividad de las empresas en cualquier sector económico y en cualquier geografía del planeta. Los cambios tecnológicos se aceleran exponencialmente y, a su rebufo, todo tipo de industrias y servicios.

En otras palabras, las empresas están sometidas hoy a una intensa e incesante presión competitiva. Y esto no va a cambiar en mucho tiempo, si es que alguna vez cambia. Quien tenga la tentación de dormirse en los laureles, asume el riesgo cierto de desaparecer, sí desaparecer,  se dedique a lo que se dedique en esta economía vorazmente global.

En ese desafiante entorno competitivo general, el talento pasa a primer plano y los buenos líderes empresariales trasladan esa presión a todos los rincones de su organización. A todos los equipos. Si el mercado es hostil, y lo es, piden más esfuerzo e innovación a sus equipos, unas veces para sobrevivir y otras para progresar o batir a sus competidores. A mayor hostilidad en el mercado, con productos cada vez mejores y a precios competitivos, los líderes tratan de que sus equipos sean mejores y tengan mayor grado de compromiso con su trabajo y con su empresa. Y eso no es nada fácil.

Hay algo muy importante que un líder no puede pasar por alto cuando exige más trabajo, mayor grado de compromiso y más resultados: algo que se llama recompensa.

Los líderes exigen con frecuencia más dedicación, más compromiso, más y mejores resultados. Y es su obligación hacerlo para mantener a los equipos competitivos y despiertos y con mariposas en el estómago. Hay que suponer que sus exigencias se hacen con respeto personal y con talante profesional, es decir respetando a cada miembro del equipo y aplicando criterios objetivos.

Hay algo muy importante que un líder no puede pasar nunca por alto  cuando, legítimamente, exige más trabajo, mayor grado de compromiso y más resultados: algo que se llama recompensa.

Cuando un directivo de cualquier rango pide eso, más trabajo y más resultados, tiene que estar dispuesto a recompensar y reconocer ese mayor esfuerzo y esos mejores resultados. Tiene que estar preparado para ser justo y hasta generoso. Si es tacaño y cicatero en la recompensa, o simplemente esta no existe, que no espere que el equipo le siga, de verdad, en los próximos retos. Si el equipo se ha esforzado y conseguido mejores resultados tal como su líder o líderes les han pedido, esperan, también legítimamente, ser reconocidos y recompensados adecuadamente por ese esfuerzo y resultado.

Recompensar el trabajo funciona

La fórmula de trabajo, resultados y recompensa funciona siempre. Siempre que los líderes no se olviden del elemento recompensa, que tiene que ser, en mi opinión, proporcional a la dedicación, al compromiso y al resultado conseguido. Esa recompensa puede ser económica unas veces y emocional otras, o ambas a la vez. Es puro sentido común y no hay ningún secreto, todo el mundo necesita sentirse reconocido, especialmente cuando ha hecho un esfuerzo extraordinario y ha conseguido lo que le han pedido.

Personalmente he tenido la oportunidad de aplicar en múltiples circunstancias esta fórmula y siempre ha funcionado y merecido mucho la pena. Una y mil veces. Una fórmula sencilla y muy rentable. Y desde luego lo recomiendo a aquellos directivos y mandos que quieran tener éxito sostenible y recurrente.

Recompensar el trabajo bien hecho y el esfuerzo funciona. Aquellos líderes y ejecutivos que ya lo están haciendo saben muy bien que es cierto lo que aquí comento porque ya están viendo los beneficios de esa conducta de liderazgo. Quienes no lo practiquen todavía pueden intentarlo y verán, inmediatamente, los resultados. El riesgo de intentarlo es mínimo y el potencial beneficio es inmenso. Y, además, terminas teniendo un equipo mejor y más comprometido. Un equipo con más confianza en su líder y preparado para afrontar y superar nuevos desafíos, por difíciles que sean.