LIDERAR EQUIPOS NO SE APRENDE (EN LA UNIVERSIDAD)

La mayoría de los buenos líderes en las empresas tanto en España como en el entorno internacional no han aprendido a liderar equipos en la Universidad, cualquiera que sea su formación académica.

Han aprendido las claves del liderazgo a base de experiencias, a base de golpes, de prueba-acierto-error, y a base de mucho trabajo y esfuerzo personal. Han tenido que subir a las cumbres de los ochomiles sin oxígeno, a pleno pulmón y sin ayuda de nodrizas.  ¡Nada es gratis!

En otras palabras, su aprendizaje de líderes lo han hecho “en el andamio” o “a pie de obra”, aplicando su sentido común y su intuición en el día a día, y echándole muchas horas.

Liderar equipos con éxito no es fácil, ni cómodo. Supone dirigir personas con competencias profesionales tal vez parecidas, pero cada una con su mochila cargada de sentimientos, emociones, ideología, ideas, credos y demás equipaje personal. De esa mochila, diferente en cada uno de nosotros, viene la complejidad del liderazgo de equipos y personas.

Un comentario muy común que te hacen los directivos en cualquier sector empresarial es que gestionar y dirigir personas es uno de los desafíos más importantes que tienen en su quehacer diario. Conseguir que los equipos tengan alineamiento, compromiso, orientación a resultados, motivación, adaptación al cambio y muchas cosas más, es una tarea de calado.

La buena noticia es que liderar equipos se puede aprender, aunque no sea en la Universidad.

Hay líderes y ejecutivos de cualquier nivel jerárquico que necesitan ayuda para conseguir ser buenos líderes de equipos.

Hay líderes y ejecutivos que tienen más facilidad para dirigir equipos de personas, como hay gente que se le da muy bien la pintura, el bricolaje o la cocina. Tienen unas competencias naturales y una intuición especial para conectar con la gente y desarrollar equipos competitivos y motivados capaces de conseguir resultados de forma consistente.

Me gustaría resaltar que al nombrar a los líderes de los equipos hay que tener un poco de cuidado porque se cometen con frecuencia muchos errores de bulto.  Me explico, un profesional brillante de un equipo no tiene por qué ser un brillante líder de ese equipo o de otro. Y a veces se promocionan a líderes a jefes, profesionales que no tienen “madera” para dirigir personas y equipos en un entorno empresarial. Un futbolista brillante tal vez no tenga competencias para ser entrenador a pesar de ser un crack como jugador.  No veo yo a Messi ni a Cristiano como fenomenales entrenadores, ¡y mira que son la élite del fútbol mundial!

Hay líderes y ejecutivos de cualquier nivel jerárquico que necesitan ayuda para conseguir ser buenos líderes de equipos. Las empresas que cuidan la promoción de sus profesionales a funciones de liderazgo, y se preocupan de desarrollar sus competencias directivas se equivocan pocas veces. Promocionan a alguien, pero no le dejan a su suerte a ver si cuaja o no como líder del equipo. Se aseguran de que no falle porque si falla, el primer responsable es quien tomó la decisión de promocionarlo. Y eso, por supuesto, tiene consecuencias.

Los buenos líderes saben muy bien que el talento, los equipos, las personas son el activo más importante que tiene cualquier empresa u organización. Por eso, dedican tiempo y recursos a garantizar que ese valioso activo esté siempre en las mejores manos, en las manos de directivos y ejecutivos competentes que saben liderar a las personas para que aporten lo mejor de sí mismas. Y esto es válido en cualquier nivel del organigrama de la empresa.

Llegará un día, espero que pronto, en que las nuevas generaciones de líderes empresariales empiecen su aprendizaje en la Universidad para que su aterrizaje en la vida real del mundo laboral sea un poco más suave que hoy.

Llegará un día, espero que pronto, en que en los programas de estudios de muchas carreras universitarias haya asignaturas, por lo menos una, que enseñe a los alumnos las claves del liderazgo de equipos y personas. Mejor nos irá a todos!