Aprender de un mal líder

De los jefes incompetentes y tóxicos también se aprende. Las conductas de anti-líder que inoculan a los miembros de su equipo son una especie de vacuna que les inmuniza de tales conductas para cuando tengan la oportunidad de liderar personas y gestionar talento. 

En mi carrera profesional he tenido jefes muy buenos, dotados de un liderazgo natural y eficaz a los que he admirado y de quienes he aprendido mucho sobre competencias para liderar personas con éxito.  De los jefes buenos siempre se aprende y se replican sus buenas conductas.

Pero hoy quiero hablar de un jefe muy especial de quien también aprendí muchas cosas. De él aprendí, en vivo y en directo, muchas de esas conductas nocivas de liderazgo que son rechazadas por el sentido común y, sobre todo, por las personas que las sufren.

Para empezar, aquel jefe desconfiaba de todo su equipo y a veces lo decía de forma explícita y de mala forma. Desconfiaba por principio, tanto en los recién llegados como en los más veteranos de aquel equipo maniatado. Esa desconfianza natural le conducía a un control permanente de todo lo que ocurría en su área de responsabilidad y siempre quería asegurarse que nada se le escapara. Y ese desaforado control desembocaba en una falta de delegación y mínimo empowerment que nos paralizaba a todos con demasiada frecuencia. Aquel jefe era la viva definición de análisis: parálisis!

Por si eso fuera poco, como buen controlador y killer, era tacaño en el reconocimiento del trabajo bien hecho por su gente, y de su boca solo salía alguna felicitación tímida a su equipo si el elogio le incluía a él mismo.

Por citar solo una más de esas conductas de anti-líder que recuerdo, su actitud de superioridad y arrogancia era quizás su mejor seña de identidad. Exhibía su poder y su vacía autoestima cada dos por tres, en cualquier circunstancia, tal vez para reafirmar y asegurar su condición de jefe. Creo que no se daba cuenta de la falta de autoridad que tenía ante su equipo, ni de su desnudez como líder débil, inseguro y poco respetado.

Yo, como otros, estuvimos poco tiempo a su lado, solo lo suficiente para aprender mucho de él. En el fondo, el precio pagado fue modesto comparado con el beneficio de aprender e interiorizar la toxicidad de esas conductas. La observación directa de tales conductas, se graban a fuego en el cerebro y constituyen una excelente vacuna para no infectarse en el futuro de ellas  si a uno le dan la oportunidad de poder tener un equipo bajo su responsabilidad directa.

La desconfianza, la falta de reconocimiento, la incapacidad de delegar y la actitud arrogante. Cualquiera de estas conductas inhabilitan a un líder.

Por lo tanto, tengo que dar, lamentablemente, las gracias a aquél jefe (y mal líder) que, sin proponérselo, me enseñó muchas de las cosas que no deben hacerse si quieres ser un líder eficaz y respetado.

Líderes de este y peor perfil sigue habiendo todavía en algunas empresas, y resulta difícil entender cómo, a estas alturas del siglo 21, pueden tolerarse semejantes incompetencias incluso en organizaciones pretendidamente modernas. En cualquier caso, espero y deseo que tengan los días contados.

A los líderes emergentes que se tropiecen en su carrera con jefes de perfiles así o parecidos, yo les recomendaría, que les abandonen lo antes posible si tienen la oportunidad de hacerlo, porque ellos – los jefes tóxicos –no van a cambiar, y la vida es corta para estar mucho tiempo a su lado, aunque te enseñen, en modo negativo, muchas cosas sobre liderazgo de personas.