Jefe vs Líder

Hoy en día en las organizaciones existen muchos jefes que creen ser grandes líderes para su equipo, pero, en realidad, no lo son, ya que existe una diferencia abismal entre ser jefe y ser líder. Todos sabemos que cada líder es un jefe, pero no todo jefe es líder.

La definición de ambos términos según la R.A.E es la siguiente:

Jefe: (Del francés chef). Superior o cabeza de una corporación, partido u oficio.

Líder: (Del inglés leader, guía). Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora.

Existen diferencias bastante considerables en la conducta de un directivo. El comportamiento de un jefe o de un líder implica actitudes muy diferentes en el desarrollo del trabajo y en la comunicación con el propio empleado que, a la larga, configuran la identidad de la propia empresa y los valores corporativos de la misma.

Para ser líder es necesario poseer empatía, don de gentes, saber hablar en público correctamente, tener paciencia, concentración y luchar por la satisfacción personal de los empleados.

Si pensamos en las principales diferencias entre un jefe y un líder podemos destacar las siguientes:

  • El jefe se basa en la autoridad. El líder se basa en la cooperación.
  • El jefe “da miedo”, el líder da ejemplo.
  • El jefe busca culpables. El líder soluciona los problemas y arregla los errores.
  • El jefe “sabe” cómo se hacen las cosas, sin embargo, el líder enseña a su equipo cómo se deben hacer.
  • El jefe convierte el trabajo en una carga. El líder hace que el trabajo sea visto por su equipo como un privilegio.
  • El jefe suele hacer que crezca el resentimiento. El líder promueve que crezca el entusiasmo.
  • El jefe hace que el trabajo sea monótono. El líder hace que sea interesante.
  • El jefe piensa que los problemas pueden destruir a la empresa. El líder ve los problemas como oportunidades para que el equipo de trabajo los supere y los convierta en ocasiones para crecer.
  • El jefe maneja a la gente, el líder la prepara.

Por supuesto, no es necesario mencionar que todos deberíamos ser grandes líderes y dejar de lado de una vez por todas la faceta de jefe.

A lo largo de mi vida profesional me he encontrado con numerosos “jefes” que cumplen todas y cada una de las características que hemos mencionado anteriormente.

Especialmente uno de ellos (cuyo nombre por supuesto no voy a mencionar), a quien le gustaba imponer su autoridad ante los empleados instaurando el “miedo”. Recuerdo como cada vez que se paseaba por la empresa todos los “empleados rasos” agachábamos la cabeza, tecleando sin parar, casi rezando para que no se parase a nuestro lado a decirnos nada. O cómo se escuchaban los gritos que daba a algún otro Directivo o empleado mostrando una falta de respeto inaceptable.

O sin ir más lejos, algo que también viví en mis propias carnes, después de haber pasado varios días con sus innumerables horas, preparando una presentación para dicho “líder”, llega el momento de presentársela y lejos de prestar atención a todo el trabajo que había estado preparando durante días, coge su Blackberry y comienza a leer emails mostrándome claramente su indiferencia hacia mi trabajo.

No quiero dar mayor protagonismo a este tipo de “personajes” que hay en todas las empresas, pero sí quería mostraros con un par de ejemplos que he vivido en primera persona que hoy en día sigue habiendo jefes de esta calaña.

Por ello, para no darles mayor protagonismo,  me gustaría centrarme en el buen líder, y en las acciones que lleva a cabo para tener contento y motivado a su equipo.

¿Qué hace el líder?

  • Inspira a los trabajadores a desarrollar sus propias ideas de modo participativo en lugar de exponerlas de forma aséptica.
  • Escucha las opiniones de su equipo. La comunicación bilateral prima sobre la unidireccional.
  • Compromete a su equipo con un objetivo que les permita sentirse realizados.
  • Pregunta, consulta y debate a la hora de resolver los problemas, en lugar de emitir órdenes.
  • Sus ojos desprenden ilusión, como el primer día, como los de un emprendedor que acaba de empezar.
  • No espera a que él barco llegue, el líder nada hasta alcanzarlo junto a su equipo.
  • Los buenos líderes promueven las acciones y las impulsan desde la creatividad, el networking y el trabajo colaborativo, en vez de dirigir simplemente desde la cúspide.
  • Tiene una gran inteligencia emocional y la aplica cada día.
  • Sabe delegar el trabajo en otros, dándoles libertad, otorgando responsabilidades y mejorando la capacidad de decisión de su plantilla.
  • Modela con el ejemplo en lugar de buscar culpables a los problemas de la empresa.
  • Alimenta el espíritu de equipo en lugar de su propio ego.
  • Respeta a las personas, corrige suavemente y recompensa el trabajo bien hecho.
  • Forma a los empleados en lugar de exigir competencias nuevas sin detenerse a capacitar a su equipo.

La figura del jefe y del líder influye, y mucho, en la consecución de los objetivos de la compañía. No hace falta mencionar que un líder siempre cosechará más éxitos que un simple “jefe”. Y las razones son más que obvias, ya que no existe nada más eficiente y que de mejores resultados que un empleado entusiasmado con su trabajo, feliz y motivado.